Andrés Novoa, 21 años en el Festival

“El Festival sería el zaguán para que la maldad se dejase encantar por las palabras, se quedase dormida y dejase al mundo en paz”

Tal y como se define a sí mismo, Andrés González Novoa se indentifica con la figura de los auxiliares mágicos que describe Vladimir Propp en su análisis de la morfología del cuento. Los auxiliares mágicos son un tipo de personajes que no son importantes en la historia pero que aparecen en el momento oportuno para que la trama se desarrolle y que el protagonista, “que en este caso pueden ser los niños, Ernesto, los narradores o el público”, lleguen a buen puerto. Para el Festival sin embargo, se trata de un elemento fundamental para el correcto funcionamiento del mismo.

Profesor de Pedagogía de la Universidad de La Laguna, escritor, narrador, actor, soñador y revolucionario.  Su larga trayectoria profesional le precede y los 21 años que cumple en el Festival lo convierten en una figura emblemática para el pueblo de Los Silos. Tras conceder una gran cantidad de entrevistas a lo largo de su vida hablando de su currículum profesional, se enfrenta a una entrevista que le obliga a reflexionar, a abrirse en canal y hablar sobre lo que significa para él el Festival Internacional del Cuento de Los Silos.

  • ¿Cómo surge la colaboración en el Festival Internacional del Cuento de Los Silos?

Llegué al Festival gracias a Ernesto Rodríguez Abad, director del evento. Fue gracias a las casualidades, tal y como comentó Rodríguez en el homenaje a Pedro Cerrillo. Yo era actor de la compañía teatral rival a la de él y siempre me habían hablado mal de su figura. Por ese entonces necesitaba unos créditos para finalizar Pedagogía y decidí cursar una asignatura que él impartía: Teatro y Dramatización. Me acuerdo de que en la primera clase nos puso en círculo y nos preguntó por qué habíamos elegido teatro. Muchas de las respuestas aludían al amor por este arte o a la pasión por la actuación. En mi turno, respondí que acababa de salir de la cárcel Tenerife II y que el centro me había pedido que hiciera cursos para controlar mi ira. Obviamente, después de esas palabras, la gente se apartó de mí. A Ernesto esto le gustó y se sorprendió. Posteriormente le conté que todo era mentira.

Después de ver una serie de trabajos que estaba haciendo con él, me invitó al Festival Internacional del Cuento de Los Silos, evento que en ese momento me pareció cosa de niños. Tras coger tres guaguas llegué a Los Silos, un pueblo que no tenía nada, y descubrí algo mágico: un grupo de narradores me abrieron un campo hacía la expresión y el propio placer y entendimiento. Con esa beca que me dio para hacer un curso universitario en aquella III Edición del Cuento de los Silos Ernesto me ganó. Llevo 21 años de Festival a mis espaldas.

  • Si tuviera que quedarse con un solo momento del Festival, ¿cuál sería?

Posiblemente no sería algo escénico. No sé si Ernesto recordará ese momento. Creo que fue en las primeras ediciones.  En la casa del cuento, Ernesto, Elvira y yo nos sentamos juntos con una botella de ginebra y unas copas. Hablamos de las cosas que nos importaban. Hubo un gran nivel de emocionalidad y de autenticidad. Quizá el Festival sea el pretexto y el texto esté en lo que surge entre las personas que se encuentran en él.

  • ¿Recuerda con especial apego alguna anécdota de esto 21 años en Los Silos?

Hay muchas, entre ellas varias propuestas deshonestas de Ernesto. Recuerdo una de ellas: de repente, hay un espectáculo de las estrellas y la luna con grandes narradores y narradoras y hay un danzarín que va a bailar con una chica guapísima. El bailarín no apareció y Ernesto me pilló por la plaza y me preguntó qué tal bailaba. Quince minutos después estaba con el torso descubierto bailando en el patio del exconvento. Estas situaciones se repiten y abundan. Esto solía pasar mientras el Festival iba madurando, en las primeras ediciones.

  • ¿Cómo le está pareciendo la experiencia de este año?

Quizás este sea el Festival que más estoy disfrutando y no porque sea el mejor, eso ya tendrá que evaluarlo Ernesto y el equipo. La madurez que estamos asumiendo como organización hace que cada uno esté en su sitio y eso genera un mayor control del tiempo. Creo que nunca he llegado tan descansado a estas alturas del evento. Además, se ha ampliado el nivel de colaboraciones y el equipo ha crecido. En el tercer y cuarto Festival, yo me encargaba de las notas de prensa, pero también de la escenificación y del terror. En definitiva, ahora todos empiezan a estar en su lugar de manera más profesional. Eso hace que funcionemos todos mejor. En 21 años en el Cuento jamás había tenido un día en el que no tuviese una sola actuación.

  • ¿Cómo ha colaborado en este evento?

En el festival, he estado en todos sitios, hasta en la taquilla. Ernesto me enseñó que una actuación empieza desde que pones el primer cartel y acaba cuando recoges la última silla. Es una forma de entender el arte no como un divo, sino como un currante. Rodríguez siempre me insistió en que todos son muy importantes: desde el que hace las noticias hasta la persona que recoge las sillas o la que pone la luz. Sin esas personas esto no tendría sentido. Por ello, he trabajado en todos los ámbitos: en los cursos, en los talleres, en las visitas escolares, en la parte de organización, en la administración, como director, como escritor y como actor. Además, fui el primero que organizó la feria del libro en su momento: iba con cajas bajo la lluvia a llevarlas a la plaza y si llovía tenías que recogerlo todo.

  • ¿Hay final para el Festival del Cuento de Los Silos?

Eso lo decide Ernesto. Yo voy con él hasta el final. Estoy aquí por nuestra amistad y por las que he creado posteriormente. Además, creo que soy parte del pueblo, es verdad que no tengo casa aquí y que solo resido una parte del año, pero me siento parte de Los Silos. Esta es una experiencia que me ha hecho aprender una barbaridad y gracias a eso ha salido parte de los que soy. Con Ernesto se ha generado casi una profesión de fe, una vocación: una defensión de la palabra sin dudas.

  • ¿Sigue aprendiendo del Festival en cada edición?

Sin duda, cada vez más. Al principio, cuando era joven, vienes con el ego y piensas que vas a enseñar. Lo bueno de este Festival es que viene tal calidad de personas y personajes que, de repente, te llevas un palo en el hocico. Espero empezar a escribir bien en la tercera reencarnación, pero no en esta vida. Ahora tengo la iniciativa de captar muchas más cosas que antes despreciaba por mi soberbia.

  • ¿Qué es lo mejor que tiene el Festival?

Lo mejor que tiene el festival sin duda son las personas. Este festival no existe sin personas. Te menciono a Cayetano, Ingrid Hernández, Ernesto Rodríguez, Juan José, Isa Robayna, Mar Novell o Jairo Aníbal Niño. Este Festival teje cordones de plata que han hecho que la experiencia que he sentido con la literatura pase a un segundo plano.

  • ¿Y lo peor?

También las personas, somos lo peor y lo mejor de este Festival. Es increíble que cuando propones algo tan bonito, te encuentres con tantas envidias, egos y mediocridades. Date cuenta de que durante estos años hemos tenido narradores que narraban muy bien pero como personas no valían un duro. Hay que contratar a un buen artista y a una buena persona. A pesar de eso, confío mucho en lo que he aprendido con Ernesto, Benigno León y Elvira.

  • ¿Concibe la vida sin Festival?

Creo que eso sería como robarle al Principito o la zorra del Principito la ilusión de esperar. Puedes tener la sensación de que has vivido casi todo, y más en este mundo rutinario en el que llegas a la universidad, eres profesor, tienes tu familia, la casa que soñabas, has recorrido cuatro continentes… Entonces dices, ya he plantado un pino, he escrito un libro, he tenido cuatro hijos y al final lo que me había marcado está hecho, pero me queda media vida por delante. ¿Y ahora? Ya he hecho caída libre, he subido Machu Picchu… Dentro de las cotas que tenía por hacer me aceleré, me pasé de frenar.

Tener dentro de una vida rutinaria en una isla pequeña con pocos imprevistos algo tan emocionante como el festival a final de año le da sentido a la cosa. El sábado por la noche cuando termina todo veréis que ya estamos hablando en pequeños corillos planeando el próximo festival, no hay tregua. El Festival se convierte en el tema transversal de conversación de un grupo de soñadores que ya empiezan como niños a jugar a ver qué golfada se les ocurre durante el año.

Eso permite que se puedan soportar la universidad, las mezquindades del día a día, el tráfico o los cotilleos de los vecinos.  Aprendes a llevar todas esas cosas dentro de una isla que es pequeñita, ya sabéis que tiene sus miserias y sus encantos, y hace que todo ese año tenga un sentido, llegar lo mejor posible al festival y que vuelvan a convertirse esos cuatro días en una utopía.

  • Si tuvieses que elegir una palabra para definir el festival ¿Cuál sería?

Ernesto, ya está.

  • ¿Cómo definirías el festival si tuvieses que integrar la palabra maldad en la definición?

El Festival sería el zaguán para que la maldad se dejase encantar por las palabras, se quedase dormida y dejase al mundo en paz.

PREGUNTAS AL ESTILO NOVOA

Sus amigos y compañeros del festival han querido tomar parte en esta entrevista y lanzarle un par de preguntas. Así David Orán, Héctor y Carla Ruíz Verde, Juanma Moreno, Agustín Henríquez e Ingrid Hernández han aprovechado la ocasión para conocer un poco más a Andrés Novoa.

  • ¿Cuánto sueño te cuesta formar un monstruo literario? David Orán, actor de ArteTerror del Festival Internacional del Cuento de Los Silos 2018.

Yo no pierdo mucho tiempo para escribir, de joven era capaz de pasarme la noche entera escribiendo pero tuve la suerte de conocer a  Rafael Arozarena. Aquel maravilloso viejito con un instinto poético espectacular me decía que soñar era fundamental para escribir, que no podía escribir cansado, que era joven y que tenía una fuerza inexorable, pero que para madurar tenía que empezar a cambiar mis ritmos.

Con el tiempo empecé a dormir. Me gusta empezar a escribir cuando cae la noche pero en un momento determinado paro, dejo el texto a la mitad, me voy a dormir, lo sueño y es curioso lo que pasa: por la mañana, después de una ducha, un cafecito y un zumo, estoy totalmente concentrado y es cuando de repente en una o dos horas soy capaz de sacar 4, 5 o 6 páginas bien estructuradas. Necesito dormir pero también necesito tiempo. Queremos hacerlo todo de golpe, pero tal y como hacía Leonardo Da Vinci, es mejor crear a tramitos.

Es lo que llaman ahora un cliffhanger para hablar de narrativa. Te metes y en el momento paras y piensas: no te lo voy a dar todo, fastídiate, sigue currándotelo. Vuelves a empezar y te das cuenta de que en esos pequeños tramos y dándole tiempo, incluso miras con menos amor lo que has escrito.

Cuando escribes en el momento piensas que es una maldita obra de arte, pero dale tiempo. Dale una semana y olvídate del texto, vuelve a leerlo y verás como ya le empiezas a ver defectos. En ese momento es cuando ves tu propia literatura con perspectiva y lo vas puliendo e incluso, esto me lo enseñó Gabriel García Márquez, la vas desechando, que es quizás el trabajo más importante para crear monstruos literarios, el tener el valor de decir esto no va a funcionar, adiós, paso página y vuelvo a empezar.

  • A lo largo de veintitrés años del Festival los relatos eróticos han llegado a tener un nombre: Andrés Novoa. Mi pregunta es: ¿en veintitrés años de erotismo cuántos niños hay ahijados de Andrés Novoa? Héctor Ruíz Verde, narrador del Festival Internacional del Cuento de Los Silos 2018.

Lo desconozco y además es un dato que no me gustaría saber. No sé si el desenlace de un texto erótico es la consumación. Defiendo el erotismo como una forma de hablar o de vivir que tiene que ver con las desigualdades e incluso con el enfrentamiento a cualquier conducta violenta. El erotismo, decía Baudrillard, se mantiene hasta que se consuma, en ese momento desaparece. Cuando llega el acto amatorio y la presa ha sido cazada ya pasamos al escenario de matrimonio como decía Oscar Wilde o al escenario de la pornografía o de la muerte. El erotismo como lo entiendo es todo ese juego previo de imaginación, seducción, de que no sucede nada pero está sucediendo todo con la mirada, las palabras, los silencios y la imaginación.

Considero que en el  momento en el que piensas: no voy a llegar, es imposible, estoy al borde es cuando sientes el miedo, el deseo, el mareo, la locura… Una vez lo has conseguido te das cuenta de que no era para tanto y se arrojan las energías al suelo, llegamos al realismo.

  • Después de tantos años oyendo historias sobre el Festival y Andrés Novoa me pregunto ¿Cuántas de las leyendas urbanas son ciertas? Carla Ruíz Verde, organización del Festival.

Me temo que todo es verdad, lo que pasa es que también reconozco que todo es mentira. Reconozco que no me acuerdo de nada pero la gente lo dice y al final te conviertes en un personaje de cuento, al final tienes que ponerte al servicio en primer lugar de la escritora o escritor, narradora o narrador y en segundo lugar tienes que darle la razón siempre al público. Así que como personaje creado en un pueblo de cuentos no puedo ni negar ni desmentir lo que la gente escuche.

  • Querido amigo poeta ¿Puedes comentarnos cuál ha sido tu experiencia en ese teatro maravilloso venezolano llamado Teresa Carreño donde has tenido la oportunidad de actuar para más de 3 000 personas, comparado con actuar para dos personas en una guagua en Los Silos? Juanma Moreno, narrador del Festival del Cuento de Los Silos 2018

Sin duda me quedo con la guagua. El cuento precisa de intimidad y a mí me agobian un poco las multitudes. Soy una persona que le gusta el cara a cara, el grupo de amigos, la conversación cercana.  Si bien antes soñaba con ser actor de teatro y llenar grandes escenarios con un público gritando y adorándome en un momento dado empecé a madurar y a pensar en que si los que piensan mal de mí supiesen lo que pienso de ellos hablarían peor y empezó todo a importarme un poco menos.

Anoche en la guagua con dos personas y Omayra fue genial, tuvimos una conversación de una calidad magnífica en la que disfruté mucho y aprendí. Creo que salimos los cuatro con ganas de habernos quedado tres horas más con una copa de vino. Sin embargo, una actuación en el Teresa Carreño puede parecer estéticamente un bombazo pero no te llena tanto, al final se queda en un producto más de la sociedad del espectáculo.

  • Si tienes una idea sobre un libro o un cuento cuando estás nadando, ¿dónde lo apuntas? Agustín Henríquez, regidor del Festival del Cuento de Los Silos 2018.

En la cabeza. Antes lo apuntaba todo pero ahora mismo no tengo esa necesidad. Si empiezo a anotarlo todo al final me genera una sensación de angustia de lo incompleto. Al final tienes un montón de ideas en la cabeza y si vas a bordarlas todas tendría que vivir 75 vidas más. Con el tiempo he aceptado que tiene que haber una especie de juegos del hambre con las ideas.

Pienso cuentos mientras nado, luego se me ocurre otra idea y lo que dejo es que se maten entre ellas hasta que una comienza a convertirse en un incordio, en una Némesis. Esa es la idea en la que me centro por la noche con una copa de vino y digo, igual debería empezar. Quizás es una estrategia para poder afrontar con el poco tiempo que tengo al menos una idea y sacarla adelante porque si no viviría en una completa angustia hasta el final de mis días.

  • ¿Qué es para ti Los Silos? Ingrid Hernández, organizadora y pilar fundamental del Festival.

Los Silos, igual me equivoco, es el lugar en el que me gustaría morir.

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